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Boletín de enero/febrero 2009

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Boletín: “Tras las huellas de Dios” (enero/febrero 1ª parte)

 

 

Tras las huellas de Dios

 

Boletín Mensual de la Parroquia

 San Antonio de Padua

 

Diag. 80 Nº 157 (entre 39 y 40) – La Plata – Te: (0221) 427-6227

 

E-mail: parroquiasanantoniodepadua@hotmail.com

 

Responsables:

S. Peschel, L. Gassa y C.E. Cappa

 

Supervisión general:

Pbro. Marcelo A. Cerniato

 

Boletín No. 24, Enero-Febrero 2009

REFLEXIÓN

Vivir con alegría:

 también fundamental para poder ir… “Tras las huellas de Dios

 

Quisiera proponerles para estos meses de verano un ejercicio muy particular, que, mirado en profundidad, es más difícil de lo que parece: ejercicio de buen humor. Por eso les diría: ¡vivan con alegría!

Quizá alguno, al oír esta llamada a la alegría, podría sentir como una rebelión interior que le grita: “Sí, hermoso, pero… ¡cómo se hace para poder vivir alegres en medio de tantos problemas!”.

A veces uno está de mal genio, se levantó mal, se vinieron sumando dificultades, y entonces sale fuera lo que llevamos dentro. Por ejemplo: esperabas que tus padres te dijeran que “sí” y te ha dado un “no”. ¿Justificará eso estar de mal humor (con “mala onda”)? Esperaba que su hijo le hiciera caso y ha sido al revés. ¿Justificará eso estar de mal genio?

Podrían objetarme: “¿No querrá que todo nos dé igual?”. No, ciertamente. Debe hacer siempre lo que está de su parte para que todo vaya mejor; pero debe saber que las contrariedades son, a veces, inevitables. Y aún más, que, ante cualquier contrariedad, siempre puede reaccionar de dos maneras: con pasión o con dominio de sí y con actitud de fe.

¿Qué quiero decir? Mire, ya la misma razón nos dice que debemos aceptar aquellas circunstancias que no está en nuestra mano cambiar. Aquellas circunstancias, y, por tanto, personas, cuya conducta no está en nuestra mano cambiar.

Pero es que, además, miradas las cosas con espíritu de fe, vemos que todo eso, que el Señor permite, puede hacernos mucho bien. “Dios sabe escribir recto hasta con renglones torcidos”, nos recuerdan los santos.

Estos pensamientos le ayudarán a calmar esa tormenta interior que a veces se provoca en usted. Y, aunque no lograra calmar del todo la tormenta interior, no tiene derecho a volcar nunca en los demás su mal humor. Por eso hace falta este ejercicio de dominio de nosotros mismos. Ejercicio de bondad, de amor, de alegría. ¡No sea agrio! ¡Sea amable con todos los que convive! Que “a nadie le amarga un dulce”.

Quizá puedan ayudarle unos pensamientos que he leído sobre este tema. Son como unos consejos. Trate de retener alguno de ellos y de hacer ejercicio durante el día de hoy. Dice así:

 

·                          Sonríe siempre y a todos.

·                          Di siempre palabras amables.

·                          Procura ser simpático aun con los antipáticos.

·                          Haz favores a todos, aunque alguna vez abusen de ti.

·                          No devuelvas nunca mal por mal; sino bien por mal.

·                          No hables mal de nadie.

·                          Y esfuérzate por ceder aun cuando te parezca que el otro no tiene toda la razón.

 

La amabilidad, la bondad, la alegría, habría de ser el distintivo del cristiano. Así lo quiere el Señor. Sí señor, nuestra religión es una religión de alegría. Como lo canta aquel estribillo de espíritu salesiano:

“Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres.

Haciendo bien las cosas que tenemos que hacer como Jesús lo quiere”.

Sería una contradicción sentirnos hijos de Dios y no estar contentos. Sería una contradicción sentirnos amados por el Señor y no ser capaces de amar a los que nos rodean.

Vamos a fomentar en nuestro corazón esta actitud y a volcarla en los demás. Por eso les digo:

¡Vivan con alegría! ¡Contagien alegría!…

 

así podrán ir más directa y seguramente…

tras las huellas de Dios

P. Marcelo

 

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Intenciones del Papa para enero y febrero 2009

 

Enero:

Intención general: Para que la familia sea un lugar de formación en la caridad,  de crecimiento personal y de transmisión en la fe.

 

Intención misionera: Por la unidad de todos los cristianos, para ofrecer así un testimonio más creíble del Evangelio.

 

Febrero:

Intención general: Para que los Pastores de la Iglesia sean dóciles a la acción del Espíritu Santo.

 

Intención misionera: Para que la Iglesia en Africa encuentre el modo de promover la reconciliación, la justicia y la paz en el continente africano.

 

El auténtico sentido de las vacaciones

 

            Para un cristiano las vacaciones tienen aspectos muy positivos, si sabemos enmarcarlas en el sentido que tiene nuestra vida. Nos ayudan a relajarnos y a vivir en familia la oportunidad de compartir ilusiones que hemos almacenado a lo largo del año. Hemos de valorar esta posibilidad de gozar de días tranquilos con los hijos, de entrar en un mayor contacto con la naturaleza o de visitar lugares que enriquezcan nuestros conocimientos y nuestro espíritu. No tendría sentido, en cambio, que las vacaciones fueran un período de agitación en el que la rutina fuera sustituida por la obsesión de hacer muchas actividades y muchos kilómetros con muchos nervios.

            Un cristiano consciente de su condición escoge también los lugares o las actividades de veraneo sin olvidar el precepto dominical, la asistencia a la iglesia, rezar en familia y tener a Dios presente más aún cuando se dispone de mayor tiempo libre.

            Los padres tienen la oportunidad, en estas fechas vacacionales, de hacer amable la religión a sus hijos combinando las prácticas religiosas con los momentos de disfrute en el pueblo, el mar o la montaña, con los juegos compartidos, los deportes y salidas. Si es el caso anotándolos en colonias, velando para que reciban en ellas una educación conforme con los valores que desean acrecentar en ellos hasta hacerlos definitorios en su vida.

            Como final de estas consideraciones les deseamos felices vacaciones a aquellos que ya las disfrutan o están en puertas de hacerlo. Y un recuerdo especial para quienes el trabajo, la enfermedad u otras situaciones personales les impidan este año gozar de este descanso reparador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los gestos y ritos de la Santa Misa

 

Las imágenes

 

      "De acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas". Así se expresa el Concilio Vaticano II (Documento S.C. 111).

 

            "Mosaicos", "pinturas" y "esculturas" se encuentran en las catacumbas y en las primitivas "casas de reunión", pues así se llamaron los primeros lugares de reunión de los cristianos. Al comienzo no cumplieron una función "litúrgica", sino más bien "docente": "La pintura es para los ignorantes lo que la escritura es para los que leen", diría sobre el tema san Gregorio Niceno (+ 394).

 

            Nuestros hermanos protestantes (y maliciosamente las sectas) nos reprochan esta costumbre. Insisten que nosotros "adoramos" imágenes. Los más "ilustrados" de ellos, nos citan el Antiguo Testamento (Ex. 20,4; Deut. 4,16) y muchos católicos quedan desconcertados. (Si tomamos un solo versículo de la Biblia, sin atender al conjunto, sacándolo de "contexto" en que fue pronunciado… a la Biblia le podemos hacer decir "cualquier cosa".¡Sepámoslo! Y ante cualquier duda consultemos al sacerdote).

 

            En los textos citados el autor sagrado no pretende reaccionar, principalmente contra una representación sensible de Dios. Nuestra naturaleza humana necesita "cosas sensibles", y toda la Biblia está llena de "imágenes", "expresiones" y "conceptos" humanos referidos a Dios. Lo que los textos del Antiguo Testamento rechazan es la "magia idolátrica" de los pueblos vecinos a Israel. Por eso, ya el segundo Concilio de Nicea (año 787) al condenar a quienes destruían las imágenes puso en claro esta cuestión: "quien venera la imagen, venera en ella a la persona a la que representa". ¿No hacemos algo parecido con las fotos y los recuerdos de nuestros seres queridos? Las instituciones y los pueblos ¿no tienen cuadros, esculturas, monumentos de sus hombres ilustres? Nadie, en tales circunstancias, piensa "adorar" un pedazo de cartulina, de mármol o de bronce… Las representaciones sensibles nos recuerdan a las personas, sus virtudes y méritos.

 

            Los cristianos creemos (siguiendo a san Agustín), que "coronando los méritos de los santos, Dios corona su propia obra". Un santo es un cristiano que ha vivido con los ojos fijos en Cristo para reproducir su imagen lo más fielmente posible. La Iglesia los "canoniza" (los declara santos) por esa razón. Quien ve un santo ve a Cristo. Y cada uno de ellos puede repetir con san Pablo: "Sean imitadores míos como yo lo soy de Cristo" (1 Cor. 11,1).

 

            Al venerar las imágenes de los santos, ya sea en las iglesias, en los hogares, talleres, oficinas o lugares públicos, recordemos que la Iglesia los propone no sólo como ayuda, sino más aún como modelos y ejemplos de vida cristiana. Todo santo es una "alabanza de la gloria de su gracia" (Ef. 1,6). El mayor honor que le podemos tributar es "parecernos" a ellos.

 

 

ESPIRITUALIDAD

Creer en la acción de Dios

 

Casi ninguno creemos en la acción de Dios. Parece como si siempre hubiera que corregirle. Sale espontáneamente la queja, la protesta. No vemos más que las causas segundas, las criaturas: “Esta persona me tiene entre ojos”; “no me eligieron a mí por la envidia de aquel otro”; etc. Hace falta mucha reflexión, supuesta la fe. Creemos en Dios, pero nos cuesta trabajo creer en su acción. Como con Dios no tropezamos, nos es fácil creer en Él; como su acción sí que la vemos, contra ella nos sublevamos. Mientras no crea en la acción de Dios, mi fe en Él está allá en las altas esferas de la imaginación. ¡Reflexión, reflexión, reflexión!

 

Cuando nos contradicen, ¿por qué echamos la culpa a la mala voluntad de las criaturas? Es la peor ofensa que podemos hacer al Señor, pues es tanto como decir que a Dios lo maneja cualquiera. Siempre encontramos peros: “Que no es Dios el que lo ha hecho…”. Y esto es negarle su poder y su providencia; no descaradamente, pero sí con las obras.

 

La voluntad de Dios la admitimos; su acción, no. “Que no se meta a actuar, que lo estropea todo”. ¡Así de atrevidos somos! “Ahora que tenía esto tan a punto –decimos- viene esta persona a echarme los planes por alto”.

 

En cuanto nos contrarían decimos, o lo pensamos: “Ahí está la mano de los hombres. Dios no se ha enterado para nada”; siendo que no se mueve la hoja del árbol sin ser voluntad de Dios.

Hacemos como ese perro que va por la calle y le tiran una piedra, se vuelve y empieza a morderla. ¡Infeliz! ¿Por qué muerdes la piedra? En todo caso muerde la mano que te la tiró. Nos volvemos contra la piedra y no vemos la mano que nos la tira para nuestro bien.

 

¡Qué poco creemos en Dios nuestro Padre y en Jesucristo nuestro Hermano! Dejando las riendas de mi vida en manos de Dios todo va como una seda. Llevo yo la dirección, y una desgracia detrás de otra. No me atrevo a tomar el volante de un coche cuando voy a emprender un viaje, confío más en el conductor; y a este volante de la vida lo quiero llevar yo todo. El Señor lleva la dirección y todo va bien, la llevo yo y tropiezo. ¿Por qué no la dejo en sus manos? Por falta de reflexión.

 

Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón(san Juan de la Cruz; Dichos de luz y amor 15). Tu corazón busca la mayor gloria de Dios y su voluntad –esto se entiende en las personas que van buscando de verdad la mayor perfección-; pues niega tus deseos concretos y hallarás lo que es la mayor gloria de Dios.

Acepta sin restricciones esa acción de Dios, aunque sea hecha por mano del diablo, que todo te lo desbarata; y, enseguida, con mucha, mucha humildad: “¡Señor! ¿Qué me quieres decir con esto?”. Y Él te contestará con paz, con serenidad, con luz: “Hijo mío, eso que tú querías hacer lo voy a hacer yo mejor; te has desviado y vengo a desbaratar tu plan para que salga el que tú deseabas. Vengo dando este viraje para que llegues a donde yo quiero y tú querías”.

 

Las almas de fe, cuando llega la contradicción, reaccionan diciendo: “Está muy bien hecho, no lo entiendo, me desconcierta. ¿Qué quieres decirme con esto? ¿Qué lección me quieres dar, Señor?”. Y eso, no como pidiéndole explicaciones, sino sencillamente: “¿Qué quieres, Señor, de mí?” Y acuda a la oración. Al mes lo verá y dará gracias pensando: “¿A dónde iba?”. Adore aquella acción, bésela, agradézcala a ojos cerrados y luego, con humildad: “Ya me dirás, Señor, qué me quieres decir con esto”.

 

Medimos las cosas por la razón; nos falta esa fe viva que nos haga ver en todo la mano de Dios siempre bienhechora: “Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero. Yo sé lo que te conviene(Imitación de Cristo III, 17, 1). Lo que Dios quiere no puede ser cosa más gloriosa para Él y para nosotros. Y diciéndonos esto la fe, ¿por qué le echo la culpa a la mala voluntad de las personas que me rodean? Él, ocupado en su gloria y mi gloria; y nosotros, poniéndole obstáculos. Si no fuera por nuestra irreflexión sería una blasfemia.

 

Todo está en dormirnos en sus brazos, cumpliendo nuestro deber. Él vela con una mano muy fuerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Boletín: “Tras las huellas de Dios” (enero/febrero 2ª parte)

 

CATEQUESIS

¿Somos esclavos de la pereza?

 

La pereza

 

La pereza es una tendencia a la ociosidad. Tal como se la entiende generalmente, se caracteriza por el miedo y la huida del esfuerzo. Al perezoso le gusta estar ocioso; o si obra, elige su ocupación no según la razón (el deber que le impone su estado de vida o que él mismo ha proyectado) sino según le sugiere el capricho del momento; suele ponerse a la obra con lentitud, la continúa sin vigor, y tiene siempre prisa en terminarla (a veces le entra un apuro "irracional" por terminar pronto lo que está haciendo, incluso realizándolo superficialmente; y esto sin que le urja comenzar otra cosa de importancia); se frena o demora ante la menor dificultad; sigue la ley del menor esfuerzo (incluso puede ser compatible con una gran actividad: es muy activo con cosas que le gustan y son fáciles, las cuales suele hacer cuando "debería" estar haciendo otras que le impone el deber); es incapaz de un trabajo esmerado, metódico y profundo.

 

Esta tendencia puede manifestarse en todos los dominios: físico, intelectual, moral y religioso; incluso en la diversión.

 

La Sagrada Escritura critica duramente el vicio de la pereza. Dice de ella que conduce a la miseria (no sólo material, sino principalmente espiritual):

 

Yo pasé junto al campo de un holgazán, y junto a la viña de un falto de entendimiento, y vi que las hortigas habían crecido por todas partes, los cardos cubrían la superficie y su cerco de piedras estaba demolido. Al ver esto, me puse a reflexionar, miré y aprendí la lección: «Dormir un poco, dormitar otro poco, y descansar otro poco de brazos cruzados»: así te llegará la pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado. (Prov 24,30-34).

 

En otro pasaje, el libro de los Proverbios describe al perezoso como dominado por la inutilidad, y, por tanto, necio (Prov  26,14-17).

 

La pereza puede considerarse, ante todo, como vicio general, es decir, opuesto a toda virtud. Tiene un cierto parentesco con el temor y la sensualidad.

a) Ante todo, con el temor; ya Cicerón la definía como "el temor de la fatiga" y santo Tomás la define como "la fuga del obrar por el temor del mucho trabajo".

b) En segundo lugar, con la sensualidad: porque el perezoso se deja llevar por un amor exagerado a la comodidad y al reposo, es decir, por el placer (que él prefiere al deber); desde este punto de vista la pereza es una forma de sensualidad.

 

La gravedad moral de la pereza se mide por los deberes que hace omitir. Por la pereza se reducen los frutos que le damos a Dios y nos vamos empobreciendo. Por la pereza faltamos a nuestro deber causando daño a quienes dependen de nosotros. Por ejemplo, los padres que por pereza no educan a sus hijos, los policías que por pereza no protegen, los médicos que por pereza no atienden a sus pacientes… 

 

A menudo, la pereza  empuja a la duplicidad y a la mentira, porque el culpable busca excusas a sus omisiones o negligencias. Cuando no se la combate precipita al alma en un adormecimiento progresivo (como se lee en Pr 19,15: La pereza hunde en el sopor), porque como dice san Gregorio: "cuando se deja de querer obrar bien, se pierde poco a poco hasta el cuidado de pensar bien" (14). En fin, engendra sobre todo la ociosidad, con todo el cortejo de males que la acompañan.

 

La pereza se evidencia también en el hogar. Hay padres y madres que se recrean en las tareas del hogar y en la educación de sus hijos, y padres y madres que parece que sólo saben quejarse del trabajo y los quebraderos de cabeza que les dan sus hijos, que dicen que no pueden más, que les agota, que se les hace pesado, que no hay quien lo aguante. Y también se evidencia en el desorden en nuestra casa y en tantas cosas más.

 

La pereza en el plano espiritual y religioso se denomina “acedia”. Santo Tomás la define como “tristeza del bien espiritual”; indicando que su efecto propio es el quitar el gusto por lo sobrenatural. Es una desazón de las cosas espirituales que prueban a veces los fieles e incluso las personas adentradas en los caminos de la perfección; es un desgano que los empuja a abandonar toda actividad de la vida espiritual, a causa de la dificultad de esta vida.

 

Los remedios contra la pereza

 

La virtud que se opone a la pereza es la diligencia, que consiste en la prontitud de ánimo para obrar el bien. Un cambio de actitudes nos puede ayudar a luchar contra la pereza:

·          convencerse de la necesidad de producir fruto, de la gravedad de las omisiones que pueden resultar de la pereza; del peligro del hábito de pereza; de la gravedad que implica al ponernos en ocasión de todos los pecados.

·          contemplar el ejemplo y las enseñanzas de Cristo y los santos.

·          trabajar la voluntad y el carácter, habituándose a superarse en pequeños esfuerzos, hasta adquirir la firmeza y constancia en el obrar.

·          en vez de ver y de hacer ver el trabajo como una carga pesada, descubrir en él —entre otras cosas— una forma de realizarse, un motivo de satisfacción y una oportunidad de servir a los demás;

·          en vez de trabajar con desgana, procurar poner ganas, y ya acabarán apareciendo satisfacciones en ese trabajo;

·          en vez de estar pensando en la hora de acabar una tarea, procurar esmerarse en lo que se está haciendo en cada momento;

·          en vez de quejarse continuamente y crear un clima negativo, procurar poner ilusión y crear alrededor un clima positivo; etcétera.

 

Los pecados capitales y las virtudes que los vencen

 

Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada. Es por eso muy importante para todo el que desee avanzar en la santidad aprender a detectar estas tendencias en su propio corazón y examinarse sobre estos pecados.

 

El término “capital” no se refiere a la magnitud del pecado, sino al hecho de que  generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza (Catecismo de la Iglesia católica #1866). Incluimos a continuación una lista de los pecado capitales y las virtudes para vencerlos:

 

1. Soberbia: ante el deseo de alto honor y gloria, la Humildad nos ayuda a reconocer que de nosotros mismos solo tenemos la nada y el pecado.

 

2. Avaricia: ante el deseo de acaparar riquezas, la Generosidad nos ayuda a dar con gusto de lo propio a los pobres y los que necesiten.

 

3. Lujuria: ante el apetito sexual, la Castidad logra el dominio de los apetitos sensuales.

 

4. Ira: ante un daño o dificultad, la Paciencia ayuda a sufrir con con paz y serenidad todas las adversidades.

 

5. Gula: ante la comida y la bebida, la Templanza nos da moderación en el comer y en el beber.

 

6. Envidia: resiente las cualidades, bienes o logros de otro porque reducen nuestra auto-estima, la Caridad, en cambio nos hace desear y hacer siempre el bien al prójimo.

 

7. Pereza: del desgano por obrar en el trabajo o por responder a los bienes espirituales, la Diligencia nos ánimo para obrar el bien prontamente.

SANTORAL

22 DE ENERO

BEATA LAURA VICUÑA

La beata Laura Vicuña, es una joven que ofreció su vida y su juventud por la conversión de su madre. Esta joven chilena vino con su madre y su hermana a nuestro país en 1899, huyendo de la guerra civil de su país y del hambre en que las había sumido la muerte de su padre. La familia fue a vivir a la estancia Quilquihué en Junín de los Andes, pasando su madre con el tiempo a convivir con el dueño de la estancia, Don Manuel Mora. Las hermanas se educaron en el Colegio Salesiano María Auxiliadora como pupilas. Ya adolescente, en visita a la estancia es abordada por su padastro y al ser rechazado decide hacerla dormir a la intemperie y dejar de pagar la escuela.

 

A través de la catequesis del colegio, Laura descubre que la situación familiar de su madre no agrada a Dios, dado que convivía con un hombre que no era su esposo. Por una especial inspiración divina, Laura decide ofrecer la vida por la conversión de su madre.

 

Ese invierno se enferma. Para acompañarla, la madre decide mudarse a Junín de los Andes y Mora, indignado por perder a ambas mujeres, golpea a Laura quien le dice a su madre en su lecho de muerte que ella ofreció su vida a Jesús para que ella abandone a Mora y se convierta. La madre promete cumplir su deseo, muriendo la niña antes de sus trece años, en 1904.

El 3 de septiembre de 1988 Juan Pablo II la declara beata.

“…..la santidad es para todas las edades: para los niños y los jóvenes, para los adultos y los ancianos”

 

S.S. Benedicto XVI

 

 

Cuento

Los dos burritos

 

            Erase una vez una madre -así comienza esta historia encontrada en un viejo libraco de vida de monjes, y escrita en los primeros siglos de vida de la Iglesia-. Erase una vez una madre -digo- que estaba muy apesadumbrada, porque sus dos hijos se habían desviado del camino en que ella los había educado. Mal aconsejados por sus maestros,  habían abandonado la fe católica adhiriéndose a la herejía, y además se estaban entregando a una vida licenciosa desbarrancándose cada día más por la pendiente del vicio.

 

            Y bien. Esta madre fue un día a desahogar su congoja con un santo eremita que vivía en el desierto de la Tebaida. Era este un santo monje de los de antes, que se había ido al desierto a fin de estar en la presencia de Dios purificando su corazón con el ayuno y la oración. A él acudían cuantos se sentían atormentados por la vida o los demonios difíciles de expulsar.

 

            Fue así que esta madre se encontró con el santo monje, y le abrió su corazón contándole toda su congoja. Su esposo había muerto cuando sus hijos eran aún pequeños y ella había tenido que dedicar toda su vida a su cuidado. Había puesto todo su empeño en recordarles permanentemente la figura del padre ausente,  a fin de que los pequeños tuvieran una imagen que imitar y una motivación para seguir su ejemplo. Pero, hete aquí, que ahora, ya adolescentes, se habían dejado influir por las doctrinas de maestros que no seguían el buen camino y enseñaban a no seguirlo. Y ella sentía que todo el esfuerzo de su vida se estaba inutilizando. ¿Qué hacer? Retirar a sus hijos de la escuela era exponerlos a que, suspendidos sus estudios, terminaran por sumergirse aún más en los vicios por dedicarse al ocio y vagancia del teatro y el circo.

 

            Lo peor de la situación era que ella misma ya no sabía qué actitud tomar respecto  a sus convicciones religiosas y personales. Porque si éstas no habían servido para mantener a sus propios hijos en la buena senda,  quizás fueran indicio de que estaba equivocada también ella. En fin, al dolor se sumaba la duda y el desconcierto no sabiendo qué sentido podría tener ya el continuar siendo fiel al recuerdo de su esposo difunto.

 

            Todo esto y muchas cosas contó la mujer al santo eremita, que la escuchó en silencio y con cariño.  Cuando terminó su exposición, el monje continuó en silencio mirándola. Finalmente se levantó de su asiento y la invitó a que juntos se acercaran a la ventana. Daba esta hacia la falda de la colina donde solamente se veía un arbusto,  y atada de su tronco, una burra con sus dos burritos mellizos.

 

            - ¿Qué ves? -le preguntó a la mujer, quien respondió:

 

            - Veo una burra atada al tronco del arbusto y a sus dos burritos que retozan a su alrededor sueltos. a veces vienen y maman un poquito, y luego se alejan corriendo por detrás de la colina donde parecen perderse, para aparecer enseguida cerca de su burra madre. Y esto lo han venido haciendo desde que llegué aquí.

 

            - Has visto bien -le respondió el ermitaño-. Aprende de la burra.  Ella permanece atada y tranquila.  Deja que sus burritos retocen y se vayan. Pero su presencia allí es un continuo punto de referencia para ellos, que permanentemente retornan a su lado. Si ella se desatara para querer seguirlos, probablemente se perderían los tres en el desierto. Tu fidelidad es el mejor método para que tus hijos puedan reencontrar el buen camino cuando se den cuenta de que están extraviados.

            Sé fiel y conservarás tu paz, aun en la soledad y el dolor. Diciendo esto la bendijo, y la mujer retornó a su casa con la paz en su corazón dolorido.

De “Cuentos rodados”, de F. Mamerto Menapace

 

 

El Rincón del beato Ceferino Namuncurá

 

DE VUELTA A LA PATRIA

En 1911 un salesiano argentino, el P.Esteban Pagliere lanza la idea de escribir una obra sobre Ceferino y el P. Vespignani elabora un cuestionario para recoger datos y testimonios sobre su vida. Mientras tanto, al seminarista chileno Víctor Kinast se le encomienda la diligencia de averiguar en qué situación han quedado los restos del joven mapuche. Con prontitud y eficacia, este salesiano hace las averiguaciones del caso y así se entera de que, si no se provee prontamente a su exhumación, los restos de Ceferino serán colocados en la fosa común.

De este modo se pueden realizar los trámites y rescatar los restos del joven mapuche que, en 1924, son trasladados desde Roma a Fortín Mercedes, situado frente a la vecina localidad de Pedro Luro (sur de la Provincia de Buenos Aires). ¿Por qué a Fortín Mercedes? En ese momento pareció el lugar más convocante.

Allí estuvieron, en la capilla reconstruida del antiguo Fortín hasta 1991, año en que son trasladados a una sala contigua al Santuario de María Auxiliadora, por razones de mayor seguridad. Desde los primeros momentos de su llegada a Argentina, muchísimos peregrinos pasan delante de su tumba para orar y encomendarse a su intercesión.

El pueblo sencillo siente que Ceferino es uno de los suyos. Lo siente cercano y ve en su figura los valores del Reino, que hoy son imprescindibles en la sociedad y que Ceferino supo encarnar con sencillez y radicalidad.

 

Ya recorrimos la vida de nuestro beato. A partir del próximo mes, iremos recorriendo su espiritualidad, sus enseñanzas, su testamento….

 

 

La Iglesia no tiene miras de poder, ni pretende privilegios o aspira a posiciones de ventaja económica o social. Su único fin es el de servir al hombre, inspirándose, como norma suprema de conducta,  en las palabras y el ejemplo de Jesucristo, que vivió haciendo el bien y curando a todos.

 

S.S. Benedicto XVI, 4 de octubre 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Boletín “Tras las huellas de Dios” (enero/febrero 3º parte)

 

Año de san Pablo

 

San Pablo conoció a Jesús verdaderamente de corazón

 

            Dado que estamos en el año de san Pablo, Benedicto XVI habla sobre él en las audiencias generales de los miércoles en Roma. He aquí un extracto de lo que dijo el miércoles 8 de octubre.

 

            “De hecho, los fariseos y los saduceos conocieron a Jesús en lo exterior, escucharon su enseñanza, muchos detalles de Él, pero no lo conocieron en su verdad. … En cambio los Doce Apóstoles, gracias a la amistad, que implica también el corazón, al menos habían entendido en lo sustancial, y comenzaban a  saber quién era Jesús. También hoy existe esta forma distinta de conocer:  hay personas doctas que conocen a Jesús  en muchos de sus detalles, y personas sencillas que no conocen estos detalles, pero  que lo conocen en su verdad: “El corazón habla al corazón”. Y san Pablo quiere decir esencialmente que conoce a Jesús así, con el corazón,  y de este modo conoce esencialmente a la persona en su verdad”.

            “San Pablo no pensaba en Jesús en calidad de historiador, como una persona del pasado. Ciertamente conoce la vida, las palabras, la muerte y la resurrección de Jesús, pero no trata todo ello como algo del pasado; lo propone como realidad del Jesús vivo. Para san Pablo, las palabras y las acciones de Jesús no pertenecen al tiempo histórico, al pasado. Jesús vive ahora y habla ahora con nosotros y vive para nosotros. Esta es la verdadera forma de conocer a Jesús y de acoger la tradición sobre él. También nosotros debemos aprender a conocer a Jesús, no según la carne, como una persona del pasado,  sino como nuestro Señor y Hermano, que está hoy con nosotros y nos muestra cómo vivir y cómo morir.”

 

 

Oración del buen humor

 

Concédeme, Señor, una buena digestión,

y también algo que digerir.

Concédeme la salud del cuerpo,

con el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa

que sepa aprovechar lo que es bueno y puro,

para que no se asuste ante el pecado,

sino que encuentre el modo

de poner las cosas de nuevo en orden.

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,

las murmuraciones, los suspiros y los lamentos,

y no permitas que sufra excesivamente

por ese ser tan dominante que se llama: YO.

Dame, Señor, el sentido del humor.

Concédeme la gracia de comprender las bromas,

para que conozca en la vida un poco de alegría

y pueda comunicársela a los demás.

                                       Santo Tomás Moro

 

 

EDUCACION

Matriculados en la mejor escuela: la familia

 

El calor y el clima del hogar es vital e insustituible. Ese ambiente familiar es, o ha de ser, la indispensable y más perfecta escuela de auténticos hombres y mujeres.

            En la familia se ha de aprender a amar, a no vivir para sí, a sacrificarse gustoso por los otros, a servirles.

            En la familia se ha de empezar a saborear la alegría de ser generoso y hacer felices a los demás.

            En muchas casas hace “frío”; falta el fuego del amor. Y se está mal. ¡Qué terrible que es el egoísmo! El egoísta no puede entender qué es ser padre, qué es ser madre, hijo o hermano. No digo que depende de ti todo el buen funcionamiento de tu familia pero mucho, sí.

            Es en la familia donde hay que crecer en delicadeza, atención, cariño, comprensión.

            Es en la propia familia donde hay que respirar aire de trabajo, de superación de esfuerzo.

            Es en casa donde se adquieren los hábitos de orden, limpieza, puntualidad.

            Es en el hogar donde se aprenden los valores supremos: la honradez, la veracidad, la rectitud, la pureza.

            Es en la familia donde de forma creciente se habrá de ir ejercitando la iniciativa, la responsabilidad, la libertad.

            Es con los de casa con quienes habrás de cultivar la capacidad de perdonar y de pedir perdón.

            Es tu hogar el gran campo donde entrenarte en el sacrificio por amor.

¡Qué hermoso y formativo, por poner un ejemplo, la actitud que hay en los

miembros de alguna familia hacia el miembro más necesitado o difícil, la

madre enferma, la abuela llena de rarezas!

Y ¿dónde sino en la familia, han de aprender las chicas a realizar

todas las tareas propias de una mujer? Y ¡qué pena cuando es en casa precisamente donde cultivamos la envidia y las peleas, la rebeldía y la contestación, la comodidad y el egoísmo!

 

Concreta en ti tus posibilidades de perfeccionarte en esta escuela.

Cierto que no todo se aprende en esta escuela que es la familia. Pero sí

las cosas principales, las que te harán más hombre o más mujer.

 

¿Quieres que te diga en pocas palabras cuál ha de ser tu actitud fundamental? Atiende bien: Piensa más en dar que en recibir.

Cierto que en casa recibirás mucho de todos. A través de un sinfín de detalles recibes amor. Y eso te hace feliz. Pero -no olvides- “Hay más alegría en dar que en recibir”. Date, pues sólo así se forja un hombre y una mujer.

 

Del libro “Forja de hombre”

 

Piensa más en dar que en recibir.

 

En la familia se ha de aprender a amar, a no vivir para sí, a sacrificarse gustoso por los otros, a servirles.

 

 

La alegría del cristiano

 

“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (Filip 4, 4), nos dice san Pablo. Jesús ha llegado y nos ha traído la alegría. Encontrar a Cristo supone una alegría profunda siempre nueva. El cristiano es un hombre  esencialmente alegre. Nuestra alegría es la de Jesús presente en nuestro corazón.

 

La alegría del mundo la proporciona lo que enajena, es pobre y pasajera. La alegría del cristiano es profunda y capaz de subsistir en medio de las dificultades. Tener la certeza de que Dios es nuestro Padre, y quiere lo mejor para nosotros nos lleva a una confianza serena y alegre, también ante la dureza, en ocasiones, de lo inesperado. En esos momentos que un hombre sin fe consideraría  como golpes fatales y sin sentido, el cristiano descubre al Señor y, con Él, un bien mucho más alto. “¡Cuántas contrariedades desaparecen cuando nos colocamos bien cerca de ese Dios nuestro, que nunca abandona!” (san J. Escrivá). Tendremos dificultades, como las han tenido todos los hombres, pero estas contrariedades no nos quitan la alegría.

 

Cuando el alma está alegre se vierte hacia afuera y es estímulo para los demás; la tristeza oscurece el ambiente y hace daño. La tristeza nace del egoísmo, de pensar en uno mismo con olvido de los demás, de la indolencia ante el trabajo, de la búsqueda de compensaciones, del descuido en el trato con Dios.

 

El olvido de uno mismo, el no andar excesivamente preocupados en las propias cosas es condición imprescindible para conocer a Cristo, objeto de nuestra alegría, y para poder servirle. Quien anda excesivamente preocupado de sí mismo difícilmente encontrará el gozo de la apertura hacia Dios y hacia los demás.

 

Por otra parte, con el cumplimiento alegre de nuestros deberes podemos  hacer mucho bien a nuestro alrededor, pues esa alegría lleva a Dios. Recomendaba san Pablo a los primeros cristianos: “Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” (Gal 6, 2). Y frecuentemente, para hacer la vida más amable a los demás, basta con esas pequeñas alegrías que, aunque de poco relieve, muestran con claridad que los consideramos y apreciamos:  una sonrisa, una palabra cordial, un pequeño elogio,  evitar tragedias por cosas de poca importancia que debemos dejar pasar y olvidar. Así contribuimos a hacer más llevadera la vida a las personas que nos rodean. Esa es una de las grandes misiones del cristiano: llevar alegría a un mundo que está triste porque se va alejando de Dios.

 

Llevemos los frutos de la Navidad que hemos celebrado a nuestro ambiente, fomentando un clima de paz cristiana, y brindemos muchas pequeñas alegrías y muestras de afecto a quienes nos rodean. Los hombres necesitan pruebas de que Cristo ha nacido en Belén, y pocas pruebas hay tan convincentes como la alegría habitual del cristiano, también cuando lleguen el dolor y las contradicciones. La Virgen María las tuvo abundantes al llegar a Belén, pero esos problemas no le hicieron perder la alegría de que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Adaptado de “Hablar con Dios”, de F. Fernández-Carvajal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Boletín: “Tras las huellas de Dios”

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